lunes, 5 de abril de 2010

Barcelona, una ciudad de recuerdos.


(Redacció-continuació de Nada, Carmen Laforet)


Llevaba ya nueve horas metida en aquél maldito autobús cuyas ventanas empañadas no dejaban pasar la luz del exterior. No podía dormir más de lo que ya había dormido en el largo trayecto a Barcelona. En aquellos momentos estaba empezando a amanecer y el sol salía lentamente por detrás de los tantos edificios construidos allí. En realidad no recordaba tantos rascacielos juntos ni tanta actividad tan temprano en la mañana. Justo en aquel momento me vinieron todos los recuerdos a la cabeza, todos los días vividos, todas las aventuras, las personas, paisajes, fiestas, estudios, risas, lágrimas… Los días que había vivido en la calle Aribau con toda aquella gente ahora me quedaban muy lejos, pero de todas maneras estaba muy impaciente por ver como había progresado la ciudad, los cambios en ella, los cambios en la Universidad, en mi calle, en mi casa etc.


El autobús paró de golpe, por fin había llegado a mi destino. De la parada hasta la calle Aribau había unos diez minutos caminando, en los cuales me entretuve viendo las nuevas tiendas, las caras de la gente, y lo bonito que estaba el ambiente después de esa época de posguerra. Aunque la fachada de la casa había cambiado mucho, no me costó nada reconocer la casa donde viví durante un tiempo de mi vida.


Llamé a la puerta para saber si había alguien dentro y en pocos segundos me abrieron. Era Gloria. Estaba guapísima, muy delgada, y transmitía felicidad. De repente Juan se adelantó y me abrazó con todas sus fuerzas. Me invitaron a entrar y tomar algo. Mientras me explicaban las novedades que yo no sabía, me fijé en el interior de la casa, los muebles, etc., todo estaba súper ordenado. Me explicaron que Gloria había conseguido un trabajo muy bien pagado, y que Juan había empezado a tener éxito con sus cuadros. Las cosas habían mejorado mucho, ellos no se habían vuelto a pegar, el pequeño llamado Miguel ya era todo un hombre, y Gloria estaba embarazada de nuevo.


Una vez hubimos hablado de todo, me dijeron si quería que me acompañasen a ver la catedral, el barrio chino y otras partes pero yo no acepté. Prefería ir sola i evadirme en mis recuerdos paseando por Barcelona.

Mi primer destino fue la Universidad pero la acabé observando de lejos porque con tantos estudiantes por allí, yo cantaría un poco así que lo dejé para otro rato. Luego me pasé por el barrio gótico. Ése no había cambiado mucho, en realidad estaba igual que cuando yo había marchado. En cambio, el barrio chino estaba muy diferente. Un montón de luces lo iluminaban, un montón de gente feliz paseando en él, niños jugando, cantando, riendo. Recordé cuánto tuve que correr por aquellas calles prohibidas el día que Juan salió a buscar a Gloria. Me di cuenta que aquél año en Barcelona a lo mejor no había sido el más feliz de mi vida, pero pasé aventuras que nunca olvidaré.

De pronto sentí gotitas de agua cayendo en mi cabeza. Decidí sentarme dentro de un bar y observar la gente como pasaba estresada por sus tareas. Estudiantes, hombres de negocio, profesores, médicos, azafatas, basureros, músicos, secretarias, camioneros, lampistas, taxistas, y todo lo que quieras imaginar.



2 comentarios:

  1. OOOOH esta guapa la redacció xd:)!
    El text del meu mur, no lhe fet jo lojicament xd!

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